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¿Será la condición humana lo que nos hace querer librarnos de cualquier responsabilidad referida a nuestro bienestar? ¿Es posible que la ciudadanía, definida como el derecho y deber de participar en una comunidad con el fin de mejorar el bienestar público, sea un título no merecido? Podemos ver como el ciudadano común no forma parte de las decisiones o por lo menos de cualquier tipo de actividad que empuje a la sociedad hacia la realización de sus objetivos relacionados al bienestar común, pero a la hora de señalar responsabilidades, a la hora de enjuiciar a quienes deberían velar por que estos objetivos se cumplan, portan con gran orgullo el título de ciudadanos. A todos nos gusta culpar, pero a nadie le gusta asumir la responsabilidad.

La ciudadanía es un derecho que se debe ganar, como ya se dijo, ser quien maldice al gobierno por las malas condiciones de las calles, por la basura, por la falta de espacios públicos, no te hace un ciudadano. No hay forma de forjar sociedad a partir de la crítica por criticar, no hay posibilidad de formar sociedad a partir de la destrucción del enemigo, de la oposición por oponerse. Por otra parte, son los proyectos, la posibilidad de influir en la comunidad, la mejor forma de construir sociedad. Conocer nuestras deficiencias y ser capaces de influir en esta construcción, es definitivamente la forma.

Es el tema de la participación, a nadie le gusta asumir la responsabilidad de un país, de un estado, una parroquia, a veces ni una asociación de vecinos y en el caso más patético, ni siquiera un centro de estudiantes, esperando de la juventud la mejor disposición para el cambio. Este individualismo crónico del que está sociedad padece, nos hacen perder la esperanza, de vez en cuando, en la posibilidad de la misma sociedad de sobrevivir. Es el individualismo, el meterse en mis propios asuntos y en sí mismo la forma como “no tenemos tiempo” de ocuparnos de algo más que nosotros mismos lo que nos hace dar la espalda a la sociedad, a nuestro entorno del que tanto necesitamos y del que tanto nos quejamos. Ese individualismo crónico del que padece nuestra sociedad a su vez no nos deja avanzar.

Desde mi punto de vista a la sociedad venezolana, uesebista, joven le falta un hábito que no hemos podido cultivar por años de malas costumbres políticas o mañas culturales, tal vez un pasado paternalista, la verdad no lo sé. Este hábito es la proactividad. A diferencia de la reactividad; una actitud pasiva, que hace al ciudadano una consecuencia de las circunstancias y de los problemas, el ciudadano proactivo asume el control de su conducta de modo activo, prevalece la libertad de tomar la iniciativa en el desarrollo de las acciones para lograr el desarrollo de su sociedad y de elección sobre las circunstancias del entorno. En palabras de mi querida amiga wikipedia “La proactividad no significa sólo tomar la iniciativa, sino asumir la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan; decidir en cada momento lo que queremos hacer y cómo lo vamos a hacer”

Entonces, TU: ciudadano reactivo e individualista crónico, deja de quejarte y haz algo por tu sociedad, tu país, tu urbanización, tu universidad. No seamos más consecuencia y seamos de una vez por todas la causa. Todo lo que nos pasa como sociedad, es responsabilidad única de nosotros mismos.

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